Edicion : a domingo, 26 de febrero de 2017 Edicion Archivada

Opinión


Por : José Rodríguez Salgado 

Presencias y Evocaciones

A mis amigos de Teloloapan, con aprecio.
Al amparo de la mercadotecnia, febrero es el mes del amor y si no fuera suficiente, se agregó también a la amistad. El resultado fue espléndido para los comerciantes y otros entes que han visto sus ganancias súper multiplicadas. La historia registra amores de todos colores, olores y sabores. Hay un eje común en gran parte de los romances que han trascendido a través de los tiempos, por un lado, un enorme deseo y por otro la traición y el intercambio insaciable de pareja. Muchos protagonistas fueron monarcas o grandes figuras de la farándula. De esta manera por designio divino o bien por “propios merecimientos”, se sentían con derecho a disponer lo que estaba a su alcance. La realidad contribuía a confirmarles esta ilusión. Con fundamento en la psicología, muchos sin proponérselo desarrollaron una personalidad narcisista, de la cual terminaron siendo víctimas.
Todos los seres humanos al decir de Mariana Carmona deseamos sentirnos amados, nuestros padres con sus cariños, cuidados y respeto nos enseñan a amar. El Trastorno narcisista de la personalidad se gesta ya sea por un desinterés emocional en el pequeño, o bien por violencia, sobreprotección o un trauma o herida inferida al individuo en sus primeras etapas de su desarrollo. Como defensa el afectado se refugia en su propia imagen de grandiosidad, lo que le permite elevar su maltrecha autoestima. La mayoría de casos tuvieron en principio carencias emocionales, y necesidades afectivas ignoradas. Algunos fueron separados de sus familiares a corta edad.
La personalidad narcisista se caracteriza por la incapacidad del individuo para ver al otro. El mundo debe someterse a sus ideas, que considera irrebatibles o infalibles. Se rodean de personas que a su parecer son inferiores; suelen colocar en el otro todos los defectos para no verlos en sí mismos y asumirse como seres “perfectos”. En el fondo sufren de una profunda soledad, incapaces de ocultarla. Como maldición buscarán encontrar el amor en personalidades narcisistas, que al igual que ellos son incapaces de mirarlos y quizás amarlos.
En el mito de Narciso, éste subyugado por la bella imagen de sí mismo, que le devolvía el río, se apartó de toda posible relación amorosa, e incluso se olvidó de atender a sus propias necesidades, y su cuerpo se fue consumiendo para terminar en una flor tan hermosa como mal oliente. Así el amor entre dos personalidades narcisistas, es casi imposible, caótico y muy pasional. Eso no quiere decir que el amor verdadero no exista, pero para que fructifique es necesario que los involucrados derriben sus defensas, se miren tal cual son, acepten sus carencias y trabajen para “limar” sus defectos. Una mirada clara de quiénes somos nos permitirá ver y amar claramente, a quien decide estar a nuestro lado y amarnos.
Los estudiosos en el tema afirman que el amor no es un sentimiento fácil para nadie, no importa el grado de madurez que se tenga. Por ejemplo Erich Fromm, asegura que el amor es un arte, y dedicó buena parte de sus tratados para explicarlo (ver “El arte de amar” FCE). Los seres humanos nos preocupamos en realidad poco de entenderlo y siempre estamos deseosos de sentirlo, ya sea en carne propia o a través de otras parejas por medio de las cuales se hacen realidad los sueños y anhelos.
Si bien el amor es un tema recurrente a lo largo de la historia, antes del siglo XII, no se le daba mayor importancia. Fueron los poetas de entonces quienes se dieron a la tarea de edificar sobre algo que antes se consideraba una mera excentricidad individual o un delirio enfermizo, un ideal de vida superior. Después de más de 10 siglos la concepción del “amor cortés”, sigue vigente e influyendo en nuestra manera de vivir el romance, pues se replica en la literatura, el cine, el teatro y hasta en la vida diaria.
El poeta guerrerense Lamberto Alarcón, dejó escrita la siguiente: “Ofrenda”, a la amada. “Toda gracia y gentileza, eres digna de cariño/ y con él tu frente ciño,/ oh escultórica belleza./ Yo te adoro porque eres/ entre todas las mujeres/ toda gracia y gentileza.”
P.d. El 13 de febrero de 1893 muere en San Remo, Italia, el poeta, orador, soldado, escritor, novelista y jurisconsulto Ignacio Manuel Altamirano Basilio. El 13 de febrero de 1926, nace en Iguala de la Independencia la maestra, declamadora y poeta Catalina Pastrana Vargas. El 13 de febrero de 1934, nace en Tixtla, el músico y cantante Darvelio Arredondo Villanueva. (Enciclopedia Guerrerense).

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