Edicion : a miércoles, 19 de julio de 2017 Edicion Archivada

Opinión

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Por : Alejandra Salgado Romero 

Educación de calidad

Educando con Valores

“La educación de buena calidad, impartida por docentes competentes y bien respaldados, es un derecho de todos los niños, jóvenes y adultos, y no el privilegio de unos pocos”
Foro Mundial sobre la Educación 2015 
En la Declaración Mundial sobre Educación para Todos (1990) se hizo hincapié en la necesidad de dar a niños, niñas, jóvenes y adultos una educación que respondiera a sus necesidades y fuera pertinente para su vida, lo que enriqueció el concepto de calidad basado en las necesidades del educando. Las competencias, los conocimientos, los valores y las actitudes que la enseñanza y el aprendizaje promueven, deben reflejar las necesidades y expectativas de los individuos, los países, la población mundial y el ámbito laboral de hoy y ofrecer respuestas a ellas. Lo anterior, no se logra únicamente mediante la enseñanza de competencias básicas como la lectura y la aritmética, sino mediante el fomento del pensamiento crítico y del deseo y la capacidad de aprendizaje a lo largo de toda la vida, respondiendo a las tendencias locales, nacionales y mundiales. En este contexto, las y los docentes son esenciales para mejorar el aprendizaje, porque influyen considerablemente en la calidad de lo que las y los estudiantes aprenden. Pero de acuerdo a diversas investigaciones, son numerosos los países, -en particular las naciones en desarrollo-, que padecen un déficit grave de docentes capacitados (as), al tiempo que los maestros en activo perciben salarios insuficientes (pagados a veces de manera irregular) y soportan una baja condición social y profesional, debida al reducido umbral de cualificaciones necesario para acceder a la profesión. 
Generar un aprendizaje de calidad no es sólo esencial para satisfacer las necesidades básicas de la población, sino que también resulta indispensable para fomentar las condiciones que hacen posible la paz y el desarrollo sostenible en el mundo. Todas y todos los jóvenes necesitan aprender de manera activa, solidaria y autónoma, para desarrollar plenamente sus capacidades y contribuir a su comunidad. Junto con los conocimientos básicos, las y los estudiantes necesitan adquirir aptitudes, valores, competencias e información. Sus docentes, compañeras y compañeros, comunidades, planes de estudio y recursos pedagógicos deben ayudarles a prepararse para reconocer y respetar los derechos humanos en todo el mundo y a valorar el bienestar de todos los seres humanos, así como dotarlos de las destrezas y competencias necesarias para aprovechar las oportunidades de empleo del siglo XXI. Para lograr este propósito, no basta con medir los conocimientos que las y los estudiantes  van adquiriendo, es también preciso centrar la atención de las experiencias pedagógicas básicas que determinan el aprendizaje e insistir en las competencias necesarias para propiciar el bienestar y la cohesión social a lo largo de toda la vida. 
La educación es un “sistema complejo”, es decir, un sistema en el cual, en la totalidad o la unidad, existe la diversidad, por lo que la unidad o totalidad es la síntesis de múltiples determinaciones. Un sistema complejo se caracteriza porque contiene múltiples subsistemas fuertemente conectados.
Ahora bien, existe un viejo consenso internacional: el elemento fundamental en la educación escolar de calidad son las y los docentes, aquellos (as) que definen la relación pedagógica; por eso la importancia de contar con buenos (as) docentes, profesionales bien formados, bien tratados, bien remunerados, autónomos, socialmente valorados, con vocación, satisfechos y orgullosos con su tarea. De hecho, los mejores sistemas escolares del mundo son los que ponen al personal docente en el centro y les dan atención especial, pues es sabido, por ejemplo, que es que la clave de la educación escolar en Finlandia, - considerada modelo a nivel mundial-, son las y los docentes: una profesión prestigiosa (como la de médico o abogado), altamente calificada, con autonomía profesional, valorada por las familias y por la sociedad. Esto aparece destacado y reiterado una y otra vez en los resultados de aprendizaje medidos por pruebas internacionales como PISA.   El currículo y la pedagogía (el qué y el cómo se enseña, aprende y evalúa) tienen también un gran peso. Una educación de calidad enseña a leer comprensivamente, es decir, a entender bien lo que se lee… y enseña a gustar de la lectura, por propia iniciativa y por el placer de leer. Asimismo, una educación de calidad enseña a escribir bien (ideas claras, buena ortografía) y a disfrutar de la escritura. Una buena educación deposita grandes expectativas en el alumnado y confía en que todas y todos pueden aprender; valora y parte del conocimiento y la experiencia de cada alumno y alumna; enseña a aprender, a ser crítico, a pensar, alienta la curiosidad y la investigación. Una educación de calidad reconoce la diversidad y promueve una oferta educativa diversificada para atender esa diversidad en todos los órdenes. Una educación de calidad respeta el derecho a aprender en la propia lengua, así como en los valores de la propia cultura.
Las y los integrantes de la comunidad escolar debemos tener claro que la calidad de la educación se valora sobre todo en los aprendizajes. Puede haber excelente infraestructura y equipamiento, acceso a tecnologías, e incluso docentes calificados (as), y sin embargo nada de eso traducirse en mejores condiciones y resultados de aprendizaje. Hay que clarificar también que la calidad se ve no sólo en los resultados, sino también en los procesos, en la convivencia y en el clima escolar. Un ambiente informal y distendido, antes que formal y rígido, es el ideal para aprender. Un espacio limpio y ordenado hace una gran diferencia respecto de uno sucio o desordenado. No sólo para niñas y niños, sino también para adolescentes y jóvenes, el juego es una necesidad y tiene enorme valor para el aprendizaje: cómo se aprende es tanto o más importante que cuánto o qué se aprende. Padres, madres y docentes debemos saber que la satisfacción de niños, niñas y jóvenes con la experiencia escolar, así como la ausencia de miedo y de maltrato, son esenciales: asistir contento (a) a la escuela es un indicador de primer orden de la calidad de la educación y en consecuencia, colaborar para que cada día sea un paso dado hacia el logro de la calidad.
Les deseo una semana excelente y agradezco sus aportaciones y/u opiniones a través del correo alexaig1701@live.com.mx. 

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