Edicion : 8548 viernes, 20 de octubre de 2017 Edicion Actual

Opinión


Por : Rafael Domínguez Rueda 

60 años haciendo historia

Revista de la Semana

Excepcionalmente -porque el Festival absorbió mi tiempo y porque varios de mis oyentes me pidieron copia de mis palabras-, reproduzco el discurso que pronuncié en la velada literario-musical en homenaje a Rubén Mora celebrada el pasado 9 de este mes.
Pareciera que cada día se va perdiendo el interés por la poesía, por los temas literarios y, en general, por la cultura.
Tal vez, porque no es un atractivo comercial para las editoriales, porque no le reditúa ningún beneficio a los políticos o porque cada vez nos estamos materializando más. Lo que sí es verdad es que en este renglón, mucha culpa tiene la Secretaría de Educación, al excluir dentro del programa de los honores a la Bandera y Actos Cívicos el declamar poesías.
Nunca, como hoy, es justo y patriótico clamar contra ese desprecio a las Letras, a la sabiduría moral, a la prosperidad del espíritu, contra ese desdén por el alma, que constituye el rasgo prominente en el ceño de nuestras sociedades actuales.
Entre las muchas grandes prioridades que se han olvidado en nuestros días, se cuentan, señores, los servicios que las letras han prestado al progreso de los pueblos; a la libertad, esa diosa eternamente perseguida y eternamente adorada; a las Ciencias, al Derecho, a la civilización, a las empresas mismas del orden material, a cuanto cae bajo la mirada de los siglos en las naciones más cultas de la tierra.
Se ha olvidado que Orfeo enseñó la agricultura a las razas pelásgicas con sus cantares al son de la lira; que los tiempos más gloriosos para las letras helénicas, fueron justamente los más prósperos para las artes, la política y las hazañas militares de la Grecia; que la lucha tenaz contra los persas, que sería el ejemplo de la más heroica energía por la independencia de un pueblo, se realizó entre los vividos resplandores de la elocuencia, del ditirambo y la tragedia; como en España coincidía el descubrimiento del Nuevo Mundo,  la toma de Granada, el ensanchamiento colosal de los Estados Ibéricos y la gloria de sus imperecederos capitanes, con el descubrimiento de la imprenta, la aparición del Quijote y las armonías dulcísimas de Fray Luis de León, Juan de la Cruz, Lope de Vega y Juan Ruiz de Alarcón.
Se olvida, amigos, que a los poetas debieron la ciencia y la moral salir del misterio de los templos, para difundirse en la sociedad y formar el alma y el corazón de los pueblos. No se propagaba la literatura gnómica por medio de los libros, se declamaba en las grandes reuniones, en las fiestas y en las tertulias.
Tenemos un ejemplo en los versos dorados atribuidos a Pitágoras. Teognido de Megaras, Solón de Atenas y Jenofonte pusieron en versos la filosofía práctica, la sabiduría política, para difundirla entre las masas, como difundiera Esopo entre el pueblo sus profundos apólogos o moralejas.
Olvidase que Sófocles inmortalizó el sentimiento de las Bellas Artes en sus cien tragedias; que Tucídides armonizó las virtudes de la democracia.
¿Cómo olvidar los servicios que prestó Herodoto a la Geografía y a la investigación, a tal grado que, a más de dos mil años  es considerado el padre de la Historia?
No pretendo abrumarlos, señores, ni me permite extenderme en este linaje de recuerdos este bellísimo evento promovido por el Comité del Festival “Yohuala”; sólo he querido formular, en nombre de la Filosofía, de la Historia y de la Cultura una proclama de las Letras Igualtecas contra ese desatentado desprecio por la cultura y formular aquí, en el Palacio de la Cultura, en el Santuario de la Patria, en la patria chica y hogar de ilustres igualtecos, como Lucio Gonzaga Vieyra, Salustio Carrasco, Guillermo Soberón, Isaac Palacios y Elena Garro, de cuyos nombres habrá de envanecerse la gloria de Iguala.
Pero, también, en otras latitudes y en esta cálida Ciudad hay quienes de una manera quijotesca se empeñan en mantener viva la antorcha de las Bellas Artes.
Una veintena de promotores culturales, respaldados por un centenar de seguidores, todo sin ambiciones ni pretensiones, no cesan en ese empeño; de ahí que estemos celebrando este Festival “Yohuala”, la fiesta más grande del espíritu, la segunda fiesta más importante de Iguala. Entre ese pelotón de cultores, figuran los declamadores que en unos momentos habremos de escuchar.
Y decíamos, en otras latitudes igualmente hay espíritus sublimes. Es el caso del C. Lic. Emmanuel Gutiérrez Andraca, Presidente Municipal de Cuautepec, es un hombre de miras, de visión… porque ya es mucho que un político, un Presidente Municipal esté levantando obras materiales, ya es mucho que haya construido la Unidad Deportiva, ya es mucho que haga mejoras en la cabecera y en las comunidades y conmemore los hechos de los héroes civiles, pero todavía dedique tiempo, esfuerzos y recursos económicos para editar libros. Eso es grande, digno de elogio, porque el valor que se le da a la cultura es primordial para el progreso de los pueblos.
Al haber reeditado la Antología Poética de Rubén Mora con ello está sembrando la semilla del porvenir.
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La poesía guerrerense es un filón de oro. La lista de sus poetas es interminable; sin embrago, cuatro son los aedas representativos: Rubén Mora, Lamberto Alarcón, Juan García Jiménez e Isaac Palacios.
Sin duda, Rubén Mora es la expresión más auténtica de la poesía guerrerense, porque es él, quien le dio vigor poético al lenguaje popular de Guerrero y el que con mayor pasión y profundo sentimiento, le cantó al mapa guerrerense. Se encerró en su acendrado regionalismo y jamás lo abandonó.
Se ha dicho de Rubén Mora que es un poeta desaliñado y por lo mismo sin estética literaria. Yo creo que es un poeta sincero, abierto al pueblo, sin aspavientos, sin hipocresías, sin rebuscamientos retóricos.
Al leer cada uno de sus poemas, ellos hablan elocuentemente de la profunda emoción del poeta cuando canta a la tierra que lo arrulló en su inocencia.
 El espíritu del estado de Guerrero, que es el capítulo de sus grandes hombres, ilumina esta ceremonia promovida por el Comité del Festival Cultural “Yohuala”, donde una espléndida manta pregona a los cuatro vientos el homenaje de recordación a don Rubén Mora Gutiérrez, cuyo ilustre nombre sirve hoy para unir en amistad a dos pueblos, de la misma manera que nuestra Bandera envuelve a todos los mexicanos.
Señora Directora de Cultura del municipio de Cuautepec, profesora Cecilia Andraca, lleven nuestro saludo al señor Presidente Municipal y agradecemos vivamente el honor que han hecho a nuestra Ciudad con su presencia y también ofereciéndonos cosas típicas de su pueblo. Y en la hora de la despedida, estrechamos sus manos, pero no para separarlas luego, sino para que se queden unidas, como el símbolo mejor de la amistad leal que Iguala ofrece a todos los pueblos de la tierra.
Sean bienvenidas. Están ustedes en su casa.

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