Edicion : 8581 viernes, 24 de noviembre de 2017 Edicion Actual

Opinión


Por : Álvaro Venegas Sánchez 

Menosprecio y alergia en Morena

Primero ‘un antes’. Es saludable leer para distraerse y al mismo tiempo informarse. A ocho días de cumplir 107 años del inicio de la revolución mexicana, lea -o repase si ya lo hizo- el libro del gran Rius, ¿Cuándo se empezó a xoder Méjico? El autor, con extraordinaria capacidad de síntesis y el genial estilo que lo caracterizó, expone que no fue desde la caída de Tenochtitlán, ni cuando los gringos se robaron la mitad del territorio…”fue en un sexenio más cercano”. El célebre e inolvidable caricaturista comienza haciendo una pregunta ¿Cuál ha sido el peor presidente que hemos tenido en México?; y sugiere un referéndum “para que la gente decida quién ha sido el más entreguista, el más ratero y más baboso”. Quizás se deba a ello que, de la Revolución de 1910, va quedando sólo el recuerdo del desfile deportivo conmemorativo del 20 de noviembre; y para que no desaparezca totalmente de la memoria colectiva, el gobierno ha establecido El buen fin.            
 Ahora paso al punto. Sorprendido pero con aire de satisfacción, Félix Salgado Macedonio dijo que no sabía que estaba incluido en el estudio de opinión para designar coordinador estatal del Partido Movimiento Regeneración Nacional. En cambio, a muchos, la revelación-designación provocó alergias desagradables. De un lado, los naturales de Morena que no empatizan con el agraciado; por el otro, los malquerientes del partido de AMLO, tuvieron tela de sobra para recortar. Ante esas reacciones, La Jornada Guerrero, de quien es Presidente del Consejo de Administración, en Trasmallo, el 31 de octubre, hizo esta pregunta: “¿Por qué cuando el toro está quieto nadie se fija en él y cuando brinca la cerca se le van a la yugular?”. 
Luego de ser investido, abandonó el PRD afiliándose formalmente a Morena. Detalle para el cual le pareció apropiado hacerlo en Tlapa, la capital indígena y principal ciudad de la región guerrerense que el memorable Othón Salazar, alguna vez llamó la Montaña roja. En seguida, pretendiendo atempera la repentina polémica en su contra, negó que lo suyo fuera imposición de Andrés Manuel López Obrador y automática la candidatura al Senado. Y pretendiendo conciliar, asumió una posición en la forma que le es propia: “Ya soy un toro viejo, de más de sesenta años, que tiene presente que en este trabajo por lograr un cambio profundo para el país se debe trabajar a fondo, porque es muy claro nada cae del cielo; sólo la lluvia”.                
Félix no es ningún neófito. Las veredas y el terreno todo de la política lo conoce muy bien. Quieto precisamente no estaba. Pero claro, una cosa era promover frentes pro AMLO, sin interés de ser candidato (según el grupo de ex presidentes estatales del PRD) y otra llegar y desplazar a otros merced a una encuesta. La secrecía estratégica causó sospecha e impresión negativa. Proyectó la idea de que Morena no es diferente. Fue tanto que no faltó quien aprovechara el efecto configurando la posibilidad de que los ex gobernadores Ángel Aguirre y Zeferino Torreblanca, también fueran cobijados. El autor o autores de la maniobra, sin duda lo hicieron con base en la opinión que tienen de la trayectoria de los tres: Félix, Aguirre y Zeferino. Por supuesto, después de la aclaración del representante de López Obrador, se entiende que el trascendido no fue casual ni para abonar en sentido positivo.
En fin la jugada está hecha y el trago con sabor a menosprecio a César, Marcial y Pablo Amílcar, ya pasó. Por cierto, muy bien que ninguno de ellos haga berrinches. Demuestran así lealtad y que participan por convicción, no en aras de un cargo. Ahora importa lo que sigue y viene. Tramo en el que Félix debe demostrar que tal vez no es la persona idónea, pero sí útil a la causa rumbo al 2018. Más que con Morena tiene compromiso político y moral con la lucha y el cambio que soñaron los que participaron en el Frente Democrático Nacional (me cuento entre ellos), y los fundadores del Partido de la Revolución Democrática. Lucha, que más allá de riesgos de perder privilegios e incluso la vida (como ocurrió empezando por los más cercanos a Cuauhtémoc Cárdenas) y las enormes  dificultades que había que sortear, lamentablemente defeccionó debido a visiones cortoplacistas e intereses mezquinos. Porque no faltaron los que sucumbieron al poder corruptor. Él, permanecía en el PRD, pero sus cuestionamientos denotaban sentirse fuera del lugar. Pues hoy, está en un espacio envidiable para reivindicarse; y, con la experiencia de “un toro viejo”, expresión suya,  contribuir desinteresadamente.
Por lo que necesitará AMLO y Morena en caso de ganar la elección presidencial, igual que otros ciudadanos que lo apoyamos y recordamos su desempeño en las cámaras del Congreso,  no imagino volver a verlo como legislador. Empero, con el currículum de haber sido diputado, senador, candidato a gobernador y presidente municipal de Acapulco, merecerá otra encomienda de responsabilidad en la difícil tarea de transformar el servicio público nacional. Mucho tiempo ha pasado de no encontrarnos; quizás él ni recuerda a un servidor. Pero en más de una ocasión como saludo me dijo: “entonces qué, no importa de dónde venimos, sino a donde queremos llegar”; extracto del discurso que pronuncié en la explanada del palacio municipal de Iguala para recibir a Cárdenas días después de la elección fraudulenta de 1989. En las circunstancias actuales esas palabras, creo, son vigentes. 

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