Edicion : 8581 viernes, 24 de noviembre de 2017 Edicion Actual

Opinión


Por : Antonio León 

Palabrerío

Con gran desfachatez,  los regidores de Iguala aseguran que en este gobierno hay avances, pero que aún falta mucho por hacer, y justifican la casi nula  de obra pública a la falta de recursos económicos. No pues con sus salarios de 66 mil pesos al mes y los 90 mil de los síndicos definitivamente el dinero siempre estará escaso en nuestro municipio.
El problema de los gobernantes igualtecos es que se han olvidado del pueblo, de las miles de personas que viven en el municipio y solo piensan en los beneficios personales y en los privilegios de la casta política. Ven al ciudadano común como un simple objeto, como alguien que pueden manipular y utilizar para tener poder o conservarlo, o para obtener grandes fortunas a costa de la miseria del pueblo.
Y no conformes con este abuso, van a cobrar aguinaldo y hasta ya se pidió apoyo al Gobierno del Estado para poder pagarlos, porque seguramente el que más les preocupa es el suyo.
Los ediles no deberían cobrar aguinaldo, tampoco los legisladores, gobernadores y el presidente de La República, pues la ley señala que el aguinaldo es una prestación laboral, y los personajes señalados no pertenecen al sector laboral del país, puesto que son representantes populares, que se llenan a manos llenas sus bolsillos con el dinero del erario. La razón de ser del aguinaldo fue en sus orígenes la de dar un dinero extra al trabajador para afrontar los gastos de fin de año, como la cena noche buena y la de año nuevo, así como para los regalos de día de reyes. ¿Usted cree estimado lector que con salarios de 66 mil pesos para arriba estas ilustres personas del gobierno necesitan del aguinaldo?
EL PRESIDENTE DE IGUALA, el hombre de los subentendidos, de los matices letárgicos, de los discursos oblicuos, de la argumentación  tamizada, del gesto evasivo, de la gesticulación mediática, anunció con orgullo por demás vehemente, que la policía estatal reforzaría la seguridad de Iguala. Días después asaltaron a un templo cristiano cuando los creyentes estaban en oración, y muy poco tiempo después sufrió la misma suerte la Universidad Pedagógica a pleno día cuando estaban laborando. Si no va a cumplir mejor que no diga nada, total, ya nos dimos cuenta de que no soluciona ninguno de los problemas sustanciales del municipio. 
EL PROBLEMA DE LA FALTA DE CREDIBILIDAD en los políticos ha tomado dimensiones jamás pensadas, el cinismo con que se conducen por la falta de leyes específicas que los sancionen parece ya como si se burlaran del pueblo, porque el estado de derecho actual les permite ser los jueces que se juzgan a sí mismos, porque jamás rinden cuentas a la ciudadanía  de sus actos encaminados más a beneficiar a su grupo y a sí mismos que al pueblo.
Vivimos una política de simulacro, ficción y pantomima, que no produce más que frustración en el pueblo; de lo contrario, serían más los ciudadanos que votan que los que no lo hacen, pero la realidad es al revés, elección tras elección quien realmente gana es el abstencionismo. ¿Para qué votar? Gobernantes van y gobernantes vienen, de derecha o de izquierda y la realidad de las mayorías sigue igual, y en algunos casos hasta peor. Las promesas de campaña siempre se las lleva el viento, ¿Y qué nos queda?, funcionarios públicos rapaces, ineficientes, mediocres, buenos para la corrupción y para cobrar sin trabajar, todo bajo el manto protector de la impunidad que ellos mismos han institucionalizado.
CON LA TRISTEZA A CUESTAS, suspiro al ver cómo se desbaratan mis ilusiones, mientras mis quimeras retornan intactas a mi enfebrecida imaginación, en donde ella esplende con sencillez majestuosa. Los recuerdos me asaltan y me dejan a merced de la nostalgia, mientras le ofrezco el dudoso encanto de mis penitencias apóstatas.
Hasta el próximo martes.
palabreriogro@hotmail.com

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