Edicion : A domingo, 17 de diciembre de 2017 Edicion Archivada

Iguala

  • Milenarios 21

Por : Abib Elimar Za-yin Silva Gallegos 

Trans (Parte 1)

“La belleza empieza con la decisión de ser uno mismo” - Coco Chanel-

“¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio” - Albert Einstein-.


Iguala, Gro., Diciembre 7.- Estimados lectores, milenarios o no, empiezo con éstas frases un tema polémico y difícil pero necesario, para el cual agradecería la debida tolerancia que merece cualquier artículo de opinión. Agrego en el primer párrafo una disculpa para cualquier lector exageradamente sensible y un agradecimiento para el de mente abierta. 
Diversos factores me han orillado a escribir sobre algo tan polémico, como lo es lo sexual, hoy en día, específicamente en sus variantes de travestismo, transexualidad y transgénero; conceptos distintos pero íntimamente relacionados. Para lograr suavizar el articulo hare referencia a distintas filmaciones o hechos históricos que tal vez puedan representar mejor el sentimiento de ésta comunidad que las palabras del autor.
En primer instancia, el término transgénero se distingue del término transexual; el primero hace referencia a toda aquella persona que no se identifica con el sexo asignado desde su nacimiento en función de su sexo biológico determinado por lor órganos sexuales externos o de su sexo cromosómico determinado por la presencia de cromosomas XX o XY en su cariotipo; por su parte, transexual es aquella persona que mediante tratamientos quirúrgicos u hormonales ha procurado obtener las características propias del género con el cual se identifica, sea este mujer u hombre. 
La identidad de género es aquella visión que el individuo posee de sí mismo y de su sexualidad, NO es condición física que posea, y NO está mediada por el rol de género o papel que le brinda la sociedad por sus características corporales. La identidad de género consiste, en si alguien se reconoce a sí mismo como hombre o como mujer, incluso puede considerarse a sí mismo sin género, en géneros intermedios o como un tercer género y, antes de que comiencen los cuestionamientos, estos comportamientos han sido parte de la humanidad desde tiempos inmemorables. Cómo prueba, existen numerosas culturas que han quitado la dicotomía hombre-mujer de la identidad de género o de los roles de género de su sociedad: los eunucos son acaso el ejemplo más representativo por su importancia social e historica, al ser hombre castrados la repercusión por su falta hormonal les atribuía características femeninas, semejante a lo que haría un tratamiento con estrógenos en una mujer transexual; otras representaciones se han notado por distintas partes del mundo, como los Fa’afafine literalmente, en forma de mujer un reconocido tercer género en la sociedad Samoa, de Polinesia, los cuales tienen un rol social distinto a un hombre o a una mujer y no están limitados sexualmente a relacionarse con un solo género; otras menciones son los hijra del subcontinente Indio o los Kathoey de Tailandia, los tres ejemplos se refieren usualmente a hombres con apariencia y atuendos femeninos. Este tipo de comportamiento no solo se ha registrado en estudios antropológicos, también en cientos de los mitos y cuentos de distintas culturas, desde la antigua Grecia donde Aquiles o Hercúles vivieron ambos un tiempo travestidos el primero obligado por Tetis,su madre, para evitar pelear en la guerra de Troya;  el segundo para mantener una relación amorosa con la reina Onfalia, donde ambos cambiaban su rol por el del otro; pasando por el imperio Romano o historias medievales de santos llegaban al extremo de castrarse o de santas que cambiaron sus atuendos por hábitos masculinos, como Santa Tecla que acompañó a San Pablo hasta Roma vestida de hombre; hasta la época de Luis XV donde se desarrolla el termino de Eonismo a raíz de un famoso espía: Charles de Beaumont también conocido como “el caballero de Eon” quien para obtener información solía a hacerse pasar como una mujer. Basicamente, el travestismo es parte de la historia humana, porque la ropa y el rol de género son algo que asigna la sociedad y no son inherentes al hombre (como humanidad). Sin embargo, travestismo no es sinónimo de transgenero o de transexualidad, puede haber hombres o mujeres que se identifican con su sexo de nacimiento pero que deciden enfáticamente vestirse con ropas que se consideran de otro genero o mediante un estilo ambivalente como los danshis sin género nipones; pero ser transexual sí implica utilizar las ropas correspondientes a su “verdadero género” es decir, como se identifican, sin que ellos se consideren travestis u homosexuales porque su comportamiento es el que la sociedad consideraría adecuado si su cuerpo coincidiera con su mente. 
Podría parecerle a la sociedad trillado, difícil, irracional o irritante el empeño de alguien en llamarse “hombre” cuando cada mañana al bañarse ve pechos y una vagina; incluso se han elaborado múltiples memes y circulan por distintas redes sociales diversas opiniones con lemas como “eres lo que eres”, “que sociedad tan loca”, y diversas frases que van de lo ridículo a lo ofensivo; la contraparte no resulta en el apoyo a la comunidad LGBT sino en una pantomima que desvaloriza el contexto de la sexualidad humana con el uso indiscriminado de hashtag, imagines o una sobreexplotación de su propia sexualidad forzándola sobre el resto de la población. Tolerancia, es el término que debería regir al tratar estos temas sin que sea necesaria la aceptación del pensamiento de la otra persona pero sin que pueda faltar el respeto a esa otra persona y sus ideas independientemente de cuales sean. Entonces, cuando alguien opine que “en este mundo loco uno puede ser lo que sea, incluso una cabra”, coméntele que efectivamente, en eso radica lo excepcional de nuestra época, en que podemos ser una cabra si queremos, de hecho, hay un hombre británico que pasó sus vacaciones viviendo como una cabra en los Alpes suizos: Thomas Thwaites es un diseñador gráfico que decidió tomar unas vacaciones usando unas prótesis en sus extremidades y rumiando pasto junto a una manada de cabras y a raíz de esa experiencia lanzó un libro titulado “Hombre-cabra: Cómo me tomé vacaciones de ser humano”. Cabras, demonios, vampiros o perros; evidentemente no es lo mismo que decidir ser humano o reconocerse ser transgénero pues esto no se considera una decisión sino simplemente el reconocerse como en verdad se siente uno, pero me sirve para ejemplificar el hecho de que hay millones de personas que se siente inconformes con lo que son y pocas tiene la capacidad de poder lograrlo. Las modificaciones corporales han existido desde que tenemos conciencia de una propia identidad y desde que tenemos deseos: la compresión de los pies en china o pies de loto, los tatuajes de las tribus amazónicas, las perforaciones en los labios o lóbulos de pueblos prehispánicos, las escarificaciones de algunos pueblos australianos, o la mutilación de genitales en zonas africanas, son ejemplos de como los humanos somos capaces de modificar nuestro cuerpo por razones tan variadas como búsqueda de belleza, preservación de estatus, creencias religiosas o tradiciones históricas. Varias de estas prácticas aún están es uso y otras más se han añadido, como los implantes subdérmicos los cuales le han valido a la mexicana Maria Jose Cristerna su apodo de “la mujer vampiro” por su apariencia extravagante con cuernos y tatuajes. ¿Podríamos clasificar de patológico el hecho de desear ser algo diferente a lo que somos? Rodrigo Bragas es un artista visual brasileño que desde los catorce años ha admirado la belleza de los perros y cuyo deseo lo llevó a realizar una obra en 2004 llamada Fantasía de compensación, una secuencia de imágenes donde una representación de silicona de su rostro se unía partes de un rostro de perro para transformar su apariencia, las imágenes de Rodrigo fueron virales en su tiempo y produjeron inmensas discusiones, ¿alguien podría culpar a Rodrigo por escapar de su realidad con esa fantasía? Es reconocido que todos tenemos fantasías, más aún, si súmanos el pensamientos de algunas corrientes orientales, el ser humano podría ser parte de un todo, elemento de un ciclo, ser “humano” podría no ser tan diferente de cualquier otro ser de la naturaleza, la creencia Hindú de la reencarnación podría explicar nuestra identidad mediante una añoranza de lo que se fue. 
Después de tantas disertaciones sigo creyendo que hay pocas cosas tan complicadas como el ser humano, y al mismo tiempo tan simple; tal vez no es necesario hondar en la búsqueda de explicaciones científicas o en ejemplos históricos y antropológicos, tal vez lo único necesario sería tolerar, entender, aceptar. Podría ser difícil, claro; saber que los  términos y conceptos que nos hemos empeñado en construir a lo largo de los años pueden ser derrumbados en un instante; entender, para una persona cualquiera que alguien más es otro cosa a pesar de lo que veas, claro que nos lleva a la irritabilidad; aceptar, para una madre que su “nena” ahora es un hombre, sí causará dolor. Pero si dejamos de mirar a los lados y vemos a la verdadera persona quizá sea un poco más fácil. Después de todo, ¿en qué nos afecta llamarle “él” o “ella”?, en nada. Quien ha sufrido la mitad de su existencia por sentir que vive una mentira, por saberse diferente, por no poder lo que es, por no querer ver su cuerpo; el herido no es la sociedad, es la persona que sufre la traición por parte de su propio cuerpo y que además sufrirá la indiferencia o intolerancia de su familia o comunidad. 
El mundo del cine es un reflejo de nuestra realidad, muchas veces es más fácil entenderla a través de ese espejo. “Laurence Anyways” es una película canadiense del 2012 escrita y dirigida por Xavier Dolan, que retrata la historia y relación de una chica enamorada de un hombre transgénero a pesar de su deseo de convertirse en mujer; siguiendo a los protagonistas por los altibajos de su relación el mensaje es claro: hombre o mujer, era Laurence de cualquier manera; entonces, parafraseando a Shakespeare, Romeo seguiría siendo Romeo con cualquier otro nombre, como la rosa, o como Laurence. “Tomboy” (2011) y “Mi vida en Rosa” (1997) son ambos filmes franceses que reflejan la realidad del transgénero desde una perspectiva menos caótica y un poco más tierna, pues los protagonistas el primero un chico trans y el segundo una niña trans reflejan su incomprensión hacia una “realidad” que les impide ser lo que se reconocen. Por su parte, la familia también es un punto clave y poco tocado a excepción de la película “Conociendo a Ray” (2015) que refleja la relación de tres generaciones de mujeres cuando el miembro más joven, Ramona (Ray) de 16 años, decide comenzar el proceso de cambio de género, situación difícil no solo para él sino para todo su núcleo familiar que verá enfrentada sus creencias, como su abuela lesbiana, que ahora deberá aceptar que su nieta es un chico (Nota: éste filme se encuentra actualmente disponible en Netflix). Sin embargo, la película que toca la temática transgénero más conocida sería “Los muchachos no lloran” (1999) es una cinta biográfica dirigida por Kimberly Peirce y protagonizada por Hilary Swank y Chloë Sevigny que relata la vida y muerte de Brandon Teena, un hombre transgénero que fue brutalmente golpeado, violado y asesinado por dos hombres la noche del 31 de diciembre de 1993 después de que  éstos se enteraran de que Brandon poseía genitales femeninos. Semejante vejación no tiene razón de ser sin importar géneros o identidades, pero por desgracia no es el único caso en la historia ni el único retratado en el cine; “Una chica como yo: La historia de Gwen Araujo” (2006) es otra película biográfica que alternando entre la historia de la familia y el juicio de los asesinos relata la historia de la transexual Gwen Amber Rose Araujo (antes Edward Jr. Araujo) quien fuera golpeada, estrangulada, envuelta en una cortina de ducha y arrojada al bosque por múltiples durante la noche del 3 de octubre de 2002 cuando fue forzada por una mujer para descubrir sus genitales durante una fiesta. La defensa que alejaron los perpetradores del crimen fue que el descubrir la identidad sexual de Araujo de alguna forma desafió sus propias identidades sexuales y los hizo enloquecer, esto debido al rumor de que ella había tenido relaciones sexuales con dos de los cuatro hombres. Ésta defensa es legal en Estados Unidos y es conocida como “defensa de pánico gay” atribuible a una sobre reacción por demencia temporal debido al miedo que provoca la insinuación de alguien homosexual o transexual. Cosa curiosa, que ahora se culpe a la victima de propiciar su muerte, como si el miedo justificara la violencia o el asesinato. Otro caso más de la historia real trasladada a las pantallas con una víctima fatal es el caso de Barry Winchell y Calpernia Sarah Addams, retratado en la película “La novia de un soldado” (2003); aquí quien perece a causa de la intolerancia y violencia de la soledad no es la persona transexual, sino su pareja. En 1999 el soldado raso Barry Winchell conoce a la artista transgénero Calpernia Addams durante una de sus presentaciones en un bar de Nashville, a raíz de ese romance el joven soldado se ve hostigado por algunos de sus compañeros como Justin Fisher con quien compartía habitación; el 4 de julio de ese año tuvo disputa con el soldado Calvin Glover el cual junto con Fisher lo atacaría en la madrugada del siguiente día con un bate mientras dormía, secundario a esas heridas falleció el 6 de julio; la polémica sobre este caso es debido a que el motivo de asesinato no fue un rencor entre hombres sino un delito de odio, pues Glover no aceptaba haber perdido ante “un puto maricón”.
CONTINUARÁ./FB MILENARIOS 21.

Copyright: Diario 21

e-Paper

VER ACERVO