Edicion : a domingo, 18 de febrero de 2018 Edicion Archivada

Opinión


Por : Antonio León 

Palabrerío

Con la desesperanza a cuestas, esperaba ese instante entre la noche y el día conocido como alborada, para elevar mis plegarias al Poder Supremo y pedirle justicia divina en la tierra, que los políticos que abusan del poder público, transiten por un sendero hecho especialmente para padecer dolor, en la justa medida de su traición al pueblo que dicen representar, porque el robarse el dinero de los que menos tienen, el olvido a ultranza de las necesidades de desarrollo social de los pobres, su codicia demencial o la simple negligencia, han menoscabado el patrimonio de todos.
Por desgracia, mis oraciones parecen no ser escuchadas; presiento que esa anhelada justicia divina jamás llegará a este yermo de la desesperanza. Con mis plegarias sin respuesta flagelándome los labios en la  madrugada, me concentro más en esos  oficios sacros para que hagan voltear a las divinidades hacia este pueblo que como no está unido siempre es vencido  ante el advenimiento del mañana que, por lo observo, tal vez  pueda ser peor que el presente. Justicia Divina ¿dónde estás?
EL HECHO DE QUE CON PROFUNDO CINISMO, varios políticos mexicanos vayan de un partido a otro buscando continuar su carrera política sin interesarles los principios de cada Instituto y mucho menos los de los ciudadanos, ha traído como consecuencia un caos ideológico, pues ya no se sabe cuál sería la diferencia entre ser un militante de izquierda y uno de derecha, o entre un conservador y un liberal, pues parece que todos se pueden acomodar en la misma olla de las decisiones cupulares partidistas, situación que ha creado un mercado negro de candidaturas para los arribistas arrepentidos de haber lucrado con su partido anterior.
La supuesta verdad de sus razones para cambiar de partido,  contrasta con la realidad irrefutable para probar su falsedad, llevada hasta el extremo de una atroz mescolanza de intereses turbios. Vivimos en un quehacer político  de mentiras, en donde la mentira es mediación permanente entre el discurso  y la realidad cotidiana que vivimos. Y esto  genera desconfianza en las autoridades, falta de respeto a la ley que se viola con una gran desfachatez, doble moral de los funcionarios públicos, corrupción generalizada, democracia hecha atole para dársela con el dedo al sector más ignorante del pueblo,  hecho que se convierte en un cuento de nunca acabar por la falta de leyes específicas que impidan esta especie de estafa política.
Por ejemplo, debería existir una ley  que impidiera a los políticos electos a través del voto o por la vía plurinominal, acceder a otro cargo en la función pública mientras no termine el periodo para el que fueron electos, con esto todos los funcionarios electos estarían obligados a terminar sus cargos respetando el voto de los ciudadanos, y no como ahora, que la burla y el cinismo son lo cotidiano en cuestiones de terminar los cargos de elección popular, o de cambiar de camiseta política antes de terminar el cargo al que otro partido lo encumbró.
La política mexicana en su obligación de servir de manera positiva al ciudadano ha fracasado, los mexicanos militantes de un partido en su inmensa mayoría, siguen siendo utilizados como moneda de cambio para cotizar el capital político de quienes se ofertan para llevar votos a otro Instituto a cambio de una candidatura o un cargo público. 
La realidad que nos van heredando nuestros gobernantes a su paso por la política nuestra de cada día, es la de vivir en un país perturbado, brutal e infeliz.  
CON CIERTO TEMOR por la posibilidad de volverme a encontrar con ella, recuerdo cuando  me hacía aproximarme sin red de protección alguna al vacío de los sentimientos contradictorios, sus proféticas actitudes siempre me orillaban a caminar al borde del despeñadero de las emociones contumaces.. Con ella siempre iba más allá de los linderos de la vida rutinaria, para avistar el precipicio amoroso con cierto entusiasmo decantado por la incomprensión que me hacía sentir sin piedad alguna. 
Hoy, temeroso por la insidia del tiempo y de mi edad, el sólo pensar en ella me provoca insomnio, porque he dejado de ser lo que yo era a su lado, para convertirme en un personaje lastimosamente humano, que vaga por la vida con el recuerdo dulce y amargo de aquella mujer que deambulaba por la vida al borde del abismo de las emociones inexpugnables.
Hasta el próximo martes.

Copyright: Diario 21

e-Paper

VER ACERVO