Opinión


Por : Antonio León 

Palabrerío

Los igualtecos nos encontramos bajo la amenaza de vivir tarde o temprano en un municipio estéril, porque los servicios públicos de mala calidad, escasos y a veces inexistentes nos llevan hacia ese destino. Los sueldos de locura de los funcionarios tienen a la cabecera municipal hecha pedazos, estancada  sin el mínimo progreso, que a veces hasta nos hace añorar aquellos tiempos en donde podíamos tomar el agua de la llave y las calles pavimentadas no se deterioraban a los pocos meses, sino al contrario, duraban algunos trienios. 
Pero, ¿a quién pedir ayuda? Los políticos de por estas tierras no solucionan nada más que sus problemas económicos personales.
Las clases populares que viven en más de un centenar de colonias irregulares y sobreviven de milagro, caminan como encorvadas, como haciéndole reverencia a los gobernantes para que se apiaden de la desgracia que los agobia desde hace muchos años  y que ningún político se ha interesado en resolverla. 
La situación se hace más compleja cuando llegan las campañas electorales, entonces ya no piensan en otra cosa más que en dónde se van a acomodar el próximo trienio si es que su partido no los benefició con otra candidatura y si se sacaron la lotería de la candidatura, pues a besar hasta los perros para conseguir el triunfo electoral inmerecido pero necesario para su holgazanería y codicia.
El gasto social en Iguala llega a cuenta gotas, mientras que los salarios de la alta burocracia política llegan completos y hasta copeteados, sin demora alguna. La política   de nuestro municipio es nauseabunda, no resuelve ningún problema de los de abajo, sólo resuelve los de la gente de arriba que son los menos pero los más costosos.
Iguala agoniza  ante la inclemencia del abuso del poder sin restricción alguna, el municipio  ya no da para más, parece como si una respiración jadeante, agitara al suelo igualteco pidiendo clemencia a esa casta de políticos despiadados.
Por ello me atrevo a decir que la moral parece existir sólo en los discursos de los políticos. De vez en cuando estos personajes simulan poseer virtudes poco comunes en nuestros días y sienten la necesidad de defenderlas, como si la política fuese habitáculo de próceres y un lugar en el que reinara la virtud, y no el vicio como en realidad sucede. Ante este mundo rapaz  de la política nuestra de cada día, uno a veces tiene la duda: ¿Hablarán en serio los políticos? ¿Serán conscientes de lo que declaran? ¿Tendrán la piel tan gruesa como para no sentir ni un poco de vergüenza cuando se familia se lleve a la boca el pan salpicado de la sangre que escupe el pueblo para que ellos vivan con extrema comodidad?, ¿serán conscientes de que son los corresponsables de que al municipio, al estado y al país se lo esté llevando la desgracia?
DIARIO DE UN DESCONOCIDO. Ayer por la noche entré a una cantina en donde había sexoservidoras disfrazadas de meseras, me acomodé en una mesa del fondo y pedí una cerveza oscura,  en el lado opuesto a donde yo estaba, se encontraba una de esas supuestas meseras besándose apasionadamente con un mesero, él la abrazaba no con lujuria sino más bien con cariño, mientras que ella lo acariciaba con una ternura inapropiada para el lugar, como a la media hora comenzó a llenarse el antro, así que el mesero comenzó a atender las mesas, mientras que la mujer fue con un parroquiano al que parecía conocer, se saludaron de beso en la boca y ella se sentó sobre sus piernas, en pocos minutos el individuo la estaba manoseando de una forma que hasta a mi me hacía sentir incómodo al mirarla, y después observar al mesero que pensé que era su novio, quien se mostraba indiferente ante los hechos, permanecí en la cantina poco más de tres horas, y en ese lapso ella estuvo con tres clientes, quienes la agarraban con tal lujuria que parecía que la iban a poseer ahí mismo sobre la mesa, uno la sacó del lugar y después de una hora ella regresó sola, entró y fue directo a la barra, de inmediato fui a donde estaba y me senté a un lado de ella, le dije: ¿te puedo invitar una copa? Me dijo: claro que si, y si quieres nos podemos ir a una mesa para que estemos más cómodos. Le dije: está bien así, sólo quiero invitarte una copa y hacerte una pregunta. Me dijo: bueno, es tu dinero. Le dije lo que había visto en un principio con el mesero y lo que había visto después con los tres tipos con los que estuvo y le pedí que me explicara cómo podía hacer eso, si se veía que ella y el joven se querían. Me dijo: Mira, mi amor es del mesero con el que me viste y de nadie más, pero mi cuerpo es mi instrumento de trabajo, así que pertenece a la colectividad que paga sus derechos limitados. Pagué su copa y me fui reflexionando sobre el texto de Marx: el papel del trabajo en la transformación del mono al hombre.
Hasta el próximo martes.

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