Edicion : 9321 sábado, 18 de enero de 2020 Edicion Archivada

Opinión


Por : Amtonio León 

Palabrerío


Publicada:  14 enero, 2020 -- Actualizada: 14 enero, 2020

Después de las fiestas decembrinas y la euforia del fin de un año y principio de otro, vuelve a tomar su lugar la pesadilla cotidiana que viven aproximadamente cincuenta millones de mexicanos, porque ya no la podrán ocultar nuestros gobernantes con luces de colores, posadas populares,  villancicos y pastorelas. El hambre, la desnutrición, la falta  de salud pública y  la carencia de los demás servicios públicos estarán a la vista de todos, hasta  de los políticos que se harán disimulados como si no existieran.
El abuso de poder volverá a lucir su infamia de forma cínica, ante el pago asegurado de sus elevados e injustos salarios a gobernadores,  diputados, senadores y ediles, cobrados al margen de su productividad que por lo general es deficiente. Mientras que el dinero para desarrollo social seguirá siendo un tema incierto.
Los pobres del país no tendrán otra opción más que la de intentar sobrevivir a la explotación de su fuerza de trabajo y al abuso del poder, pero sobre todo, sobrevivir a una democracia fallida, sin contar con ningún político que trabaje realmente a favor de las clases sociales bajas o hable en su nombre exigiendo justicia social ante Los Tres Poderes de Gobierno.
El pobre seguirá maniatado por su carencia de recursos materiales e intelectuales, mientras la alta burocracia política se perpetuará en el poder a través del control del dinero público, Las Instituciones Gubernamentales y las leyes que retuerce a su favor, o impide que se aprueben si consideran que restringe su abuso personal y su impunidad.
El gobierno  continuará protegiendo sus privilegios por encima de los derechos de los ciudadanos, pues no hay quien luche por ellos, ni siquiera los políticos de izquierda. Pueblo sin voz en los Congresos Legislativos, sin protección de los gobiernos estatales, y sin alternativas sustantivas a sus necesidades básicas en los gobiernos municipales.
Quienes pudiera ser una luz en el camino de los pobres sería los profesores, porque fueron hace años promotores del cambio social, pero por desgracia ellos también han sido enajenados por el poder hegemónico que ejerce el gobierno a través de la cultura la cual comprende a La Educación.
Pero no todo está totalmente perdido, pues nada es absoluto en la vida, y es probable que entre el magisterio, haya quienes   conserven la conciencia social de su origen proletario, y comiencen una revolución cultural que, nos lleve a que en nuestro país sea más importante el pueblo que los políticos.
Hasta el martes próximo estimado lector.

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