Opinión


Por: Alejandra Salgado Romero

RESIGNIFICANDO EL PROCESO DE ENVEJECER

Educando con valores


Fecha Publicacion:  lunes, 17 de enero de 2022 - 03:36:00 -- Fecha Actualizacion lunes, 17 de enero de 2022 - 03:46:28

“Otra forma de pensar a la vejez es posible, es relevante pasar de esa concepción única a una que abarque las múltiples vejeces, dando cuenta de que cada persona atraviesa su proceso de envejecimiento y su vejez de forma única y diferente al resto”
Dinella Massey y Ana Collares


Hay un grupo poblacional que merece además de respeto, sincero agradecimiento y admiración: las y los adultos mayores. La pandemia hizo aún más vulnerables a quienes, por mucho, sostienen emocionalmente a las familias en nuestro país, aunado a que son los forjadores de nuestra historia reciente, el archivo vivo de lo ocurrido y, en muchos casos, aportan económicamente o sostienen los hogares. Pese a todo lo anterior, a lo largo de la historia, se han reproducido ciertos estereotipos y prejuicios hacia las personas mayores, ya que se asocia, a esta etapa de la vida, como la última y la de la decadencia, donde los proyectos finalizaron y quienes la atraviesan se encuentran, como personas, deterioradas, frágiles, enfermas y solas.

Al respecto, la Organización Mundial de la Salud plantea, -desde una perspectiva biológica-, el envejecimiento como “una consecuencia de la acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo, que conlleva a un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales, un aumento del riesgo de enfermedad y finalmente a la muerte”. Si bien la definición anterior está basada en los aspectos biológicos, es necesario enfatizar que, mediante diversos estudios, se ha demostrado que estos cambios no son homogéneos, lineales ni uniformes, ya que algunas personas de la tercera edad presentan un buen estado de salud y se desenvuelven sin inconveniente alguno. Sin duda, la tercera edad se entiende como la etapa de envejecimiento condicionada por lo biológico, lo físico y lo social; por ende, el deterioro es notable, en virtud de la disminución gradual de la actividad física e intelectual, lo que no permite realizar algunas actividades; sin embargo, Chawla en Zabala aportó que las personas de la tercera edad no siempre son dependientes a causa de su decadencia física, sino que lo son frecuentemente debido a la forma como son “categorizados socialmente” y a las presiones que se ejercen sobre ellos/as, pues se encuentran en un contexto donde no son escuchados: “La carencia de una definición sociocultural del conjunto de actividades que serían específicas les hace sentirse inútiles y sin reconocimiento social. La falta de tareas específicas conlleva la dificultad para saber en qué concentrar los esfuerzos y en qué volcarse de modo de actualizar las propias potencialidades”.

Dentro de este análisis, especialistas han aportado que el envejecimiento es un proceso que se da desde el día en que nacemos, por lo tanto, cada persona, en este momento, atravesamos nuestro proceso de envejecimiento. Por ello, es importante y urgente cambiar nuestra percepción de esta etapa de vida, dejar de percibirla con prejuicios y empezar a valorar a quienes ya la viven, agradecer si tenemos el privilegio de llegar a vivirla. Es mucho lo que se debe y puede hacer por nuestros adultos/as mayores, tanto individualmente, como colectivamente, -como sociedad-. Ahora bien, lo que podemos hacer de forma inmediata, es informarnos sobre el tema del proceso de envejecimiento y de la vejez, lo que nos permitirá entenderlo mejor y dejar a un lado los estigmas y prejuicios. Además, compartiendo, -tanto de forma verbal, como a través de nuestras acciones-, estos aprendizajes, podremos influir en las percepciones y actitudes negativas que tienen otros/as, lo que nos ayudará como sociedad. Como miembros de una comunidad, podemos fomentar y valorar la participación de los adultos mayores, a través de acciones tan sencillas como incluirles en una plática entre familiares o vecinos/as, considerar sus posturas y respetar sus derechos, escucharles y tratar de entender y respetar sus opiniones, mostrando en todo momento respeto, tolerancia y empatía. A nivel institucional, es imprescindible lograr establecer políticas públicas que fomenten perspectivas libres de estigmas y estereotipos hacia la vejez, tanto en programas educativos que nos ayuden a conocer mejor esta etapa, como en medios de difusión que brinden una imagen contemporánea, realista y libre de estereotipos y/o estigmas.

A partir de reconocer y hacer evidente dicho reconocimiento a las personas de la tercera edad, como una gran fuente de sabiduría, -pues han vivido más, poseen una mayor experiencia y, por lo tanto, su vida no tiene que ser pasiva o carecer de participación en diversos ámbitos de la sociedad-, gobierno, organizaciones civiles y sociedad en general debemos brindar atención a las personas de la tercera edad en distintos ámbitos, coadyuvando al lograr que su vida sea positiva y fructífera, asumiendo que, en muchos casos, sufren discriminación o exclusión debido a la concepción que se tiene a esta etapa de vida. En esta nueva concepción de la vejez, la educación para personas de la tercera edad debe ser una educación para reaprender a vivir, donde el desarrollo de las potencialidades humanas en esa etapa de vida, sea vista como el objetivo principal. Sin duda, resignificar el proceso de envejecimiento y la vejez, resulta ya una necesidad social y debe ir destinada al desempeño e implicación de nuevos papeles y la búsqueda de nuevos espacios en la sociedad.

Desafortunadamente, vivimos en una sociedad en la cual se enaltece tanto la belleza como la juventud, y las canas y las arrugas son aspectos que se tienden a evitar y/u ocultar, -sobre todo las mujeres-; por ello, es necesario que entendamos que, en la medida en la que podamos resignificar la vejez, estaremos dando cuenta y nos daremos la oportunidad de ver nuestra propia vida y posible vejez desde otra perspectiva, teniendo además, siempre presente, que las pérdidas y limitaciones que pudieran llegar a presentarse en dicha etapa, también se pueden presentar en cualquier otra, máxime si no cuidamos nuestra salud física y/o mental. Resignificar la vejez es una labor prioritaria que se nos presenta tanto a nivel personal, como a nivel social; la vejez tiene que adquirir un nuevo sentido para así dimensionar la importancia de cuidarnos, de cuidar a quienes nos cuidaron, de responsabilizarnos y ser generadores de cambio en una sociedad en la que, por ningún motivo, -y menos aún por cuestiones tan naturales como inevitables, como el proceso de envejecimiento y/o la vejez-, deben prevalecer tan lacerantes condiciones en contra de quienes tanto han aportado en la historia y presente de nuestra sociedad.

Les deseo una semana excelente y agradezco sus aportaciones y/u opiniones a través del correo [email protected]

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