opinion


Por: Alejandra Salgado Romero

Educando con Valores


Fecha Publicacion:  lunes, 28 de septiembre de 2020 - 01:11:00 -- Fecha Actualizacion lunes, 28 de septiembre de 2020 - 01:04:03

La corrupción

“La corrupción puede afectarle a usted, a la economía, a las empresas y a naciones enteras. 

La corrupción es universal”

  INTERPOL

La Secretaría de la Función Pública sostiene que “la corrupción consiste en el abuso del poder para beneficio propio”, y que puede clasificarse en corrupción a gran escala, menor y política, según la cantidad de fondos perdidos y el sector en el que se produzca. En el caso de la corrupción a gran escala, consiste en actos cometidos en los niveles más altos del gobierno que involucran la distorsión de políticas o de funciones centrales del Estado, y que permiten a los líderes beneficiarse a expensas del bien común.  En cuanto a los actos de corrupción menores, consisten en el abuso cotidiano de poder por funcionarios públicos de bajo y mediano rango al interactuar con ciudadanos comunes, quienes a menudo intentan acceder a bienes y servicios básicos en ámbitos como hospitales, escuelas, departamentos de policía y otros organismos. Por último, la corrupción política es aquella que se da mediante la manipulación de políticas, instituciones y normas de procedimiento en la asignación de recursos y financiamiento por parte de los responsables de las decisiones políticas, quienes abusan de su posición para conservar su poder, estatus y patrimonio.

Desde hace tiempo, se reconoce que la corrupción es un serio obstáculo para el desarrollo: desde el robo masivo de bienes del Estado, hasta la corrupción en pequeña escala -que menoscaba la productividad y deteriora la prestación de servicios-, la corrupción constituye un robo a los sectores más vulnerables y socava el progreso. Las y los especialistas han aportado que la corrupción adopta numerosas formas: la empresa extranjera que paga comisiones ilegales o sobornos para obtener tratamiento preferencial y deja a los países pobres con bienes o servicios devaluados, el funcionario/a público que, a cambio de favores financieros, traiciona a las personas que tiene la obligación de ayudar, la ciudad que no tiene escuela ni centro de salud porque los funcionarios/as locales se han robado el dinero que tendría que haberse utilizado para construirlos, los medicamentos que no curan —o podrían causar la muerte— porque alguien los ha adulterado o los ha reemplazado por otros falsificados… en fin, el Banco Mundial contundentemente afirma: “Si no se le pone freno, la corrupción representa una amenaza para la reducción de la pobreza y la prosperidad compartida, así como para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)”.

Diversos estudios han demostrado que, en muchas sociedades, el comportamiento corrupto está profundamente arraigado en las normas sociales y la cultura política, y los incentivos para mantener el statu quo, son poderosos. La corrupción puede propiciar el robo, el desperdicio y el uso indebido de recursos escasos.  También puede consolidar los privilegios de las élites y la desigualdad, lo que debilita las instituciones fiscalizadoras, con consecuencias duraderas, y disminuye la fe de las y los ciudadanos en sus propios gobiernos. Una vez enquistada, la corrupción es difícil de extirpar, y centrarse únicamente en el cumplimiento estricto de las reglas, suele conllevar escasos logros. El margen de actuación de quienes están a favor de las reformas puede ser reducido, y lograr avances en la lucha contra la corrupción, puede llevar mucho tiempo. Si bien algunos de los principios que permiten combatir la corrupción son bien conocidos: la transparencia y la rendición de cuentas, el gobierno abierto y la vigilancia por la sociedad civil, la detección y el cumplimiento de las normas, entre otros, las estrategias para aplicarlos pueden variar considerablemente, según el contexto.

Sus efectos tienen un gran alcance: pueden minar la estabilidad política, social y económica, y en última instancia, amenazar la seguridad de la sociedad en su conjunto. Sin duda, la corrupción afecta a todas las regiones del mundo y a todos los niveles de la sociedad, aunque el efecto es mayor en países en desarrollo. Ahora bien, si bien todos los actos de corrupción tienen un componente del sector público, se necesita una contraparte en el sector privado o de un ciudadano/a para completar los esquemas; es decir, son corruptos tanto el/la corrompido/a, como el/la corruptor/a. Y a pesar del panorama desalentador en nuestro país, un nuevo informe del Banco Mundial afirma que los avances contra la corrupción pueden lograrse incluso en las condiciones más adversas. Es necesario tener presente que, en el contexto actual, cuando se han movilizado niveles sin precedentes de fondos de emergencia para responder a la pandemia de COVID-19, el informe ofrece una mirada renovada a algunos de los enfoques y herramientas más eficaces para mejorar la rendición de cuentas de los Gobiernos.

Dicho informe, titulado Enhancing Government Effectiveness and Transparency: The Fight Against Corruption (Mejorar la eficacia y la transparencia de los Gobiernos: La lucha contra la corrupción), que se dio a conocer esta semana con ocasión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, contribuye a salvar la distancia entre un problema al parecer irresoluble y soluciones que hayan dado buenos resultados o muestren potencial para ser satisfactorias; se hace hincapié en distintas maneras de ampliar la eficacia de las estrategias anticorrupción en los sectores más afectados. Este informe actúa como una guía de referencia para los/as encargados de la formulación de políticas y los/as promotores de la lucha contra la corrupción, “ya que se necesita continuar trabajando para ajustar la aplicación de las herramientas tradicionales”. La Directora Gerente del Banco Mundial, Mari Pangestu, aportó que “La pandemia de COVID-19 ha provocado que los gobiernos usen sus gastos de emergencia a gran escala y velocidad con la intención de reactivar la economía y proteger a la población más vulnerable y pobre que sufre de manera desproporcionada.  Al tiempo que los países emprenden el camino hacia una recuperación más resiliente e inclusiva, el uso prudente de los recursos escasos de manera transparente es fundamental”.

El informe abarca cinco áreas temáticas clave: adquisiciones públicas, infraestructura, empresas estatales, administración de aduanas y prestación de servicios, y temas intersectoriales tales como las iniciativas de gobierno abierto y GovTech, con ejemplos muy significativos de estudios de casos de diferentes partes del mundo, y tiene como objetivo ayudar a equipar a los empleados/as del sector público y a la sociedad civil, con un conjunto modular de enfoques y herramientas que pueden utilizarse y adaptarse a los contextos nacionales específicos. Mediante los estudios de casos, queda demostrado que las medidas para frenar la corrupción a menudo son oportunas y abordan esferas de vulnerabilidad específicas, cuando así lo permite el espacio político. Pero incluso, se puede comprobar que, cuando las medidas parecen tener un impacto aparentemente limitado, pueden constituir una base importante para avances futuros. Por ejemplo, en Bangladesh, la implementación de adquisiciones mediante gobierno electrónico, combinada con un aumento de la transparencia y la participación ciudadana, redujeron a la mitad la cantidad de licitaciones con un solo oferente, lo que mejoró la competencia significativamente, incrementó la cantidad de contratos adjudicados a empresas no pertenecientes al ámbito local y condujo a la obtención de mejores precios de los licitantes seleccionados.

Este problema, a pesar de ser antiguo, continúa… siguen abundando los titulares sobre escándalos de corrupción, que afectan prácticamente a todos los continentes; dolorosamente tenemos ejemplos día a día, en nuestro entorno, de los efectos de la corrupción. En un contexto tan adverso como el que hoy vivimos, cobra especial importancia combatir con firmeza y congruencia cualquier acto de corrupción: ser parte de la solución y no aceptar nunca ser cómplice para prolongar y/o acrecentar el problema. Combatamos la corrupción desde nuestros hogares y escuelas, donde formamos las nuevas generaciones, con la convicción de entender que el corrupto/a vivirá, en tanto las y los ciudadanos callemos, aceptemos y hagamos de la corrupción, una característica casi indestructible en nuestra sociedad.

Les deseo una semana excelente y agradezco sus aportaciones y/u opiniones a través del correo [email protected]

 


Copyright: Diario 21

e-Paper

VER ACERVO