opinion


Por: Antonio León

Palabrerío


Fecha Publicacion:  martes, 14 de septiembre de 2021 - 05:00:00 -- Fecha Actualizacion martes, 14 de septiembre de 2021 - 04:34:17

Por estas tierras del sur, la distancia se hace sumamente larga entre lo que dicen los políticos y la realidad que vive el pueblo, el peladaje como diría Tomás Mojarro.

La vida del marginado parece un hormiguero alborotado, en donde los insectos no saben ni a dónde ir, porque para cualquier lado que dirijan sus pasos encontrarán escenarios de desdicha. Tristes paisajes de existencias grises, caos, penurias sin límite de tiempo, las posibilidades son casi inexistentes de encontrar algún sitio mejor.

El proletariado sigue sin cabeza desde 1960 cuando así la bautizara el escritor José Revueltas. El proletariado por sí solo no piensa, sólo sabe estirar la mano para recibir migajas que nunca le alcanzan para lo mínimamente indispensable.

Transita el miserable mexicano por senderos iguales en cuanto a lo precario que se percibe al final de los caminos que recorre en busca del milagro de encontrar aquí en la tierra una porción del paraíso prometido. Tierras estériles, secas como la esperanza de los que menos tienen. Año con año dicen los políticos que ahora sí se harán llegar los recursos que darán sus frutos en tiempo y forma para beneficio de las clases populares, pero no es así, año con año los políticos son los primeros en meterle la mano al erario para beneficio personal hasta casi dejarlo casi vacío, a pesar de que ese dinero es de todos y no nada más de unos cuantos.

Un futuro ennegrecido es el que perciben los que padecen hambre desde siempre, que ven generación tras generación la bonanza económica de la que disfrutan los políticos y que nunca les llega a ellos.

Pobres y más pobres formados en la fila de la justicia social, sosteniendo en el poder a la clase política exquisita que no sabe de la mínima privación aún en los momentos de mayor crisis económica. Los jodidos van y vienen, vienen y van sin que tengan la mínima certeza de que alcanzarán una mejor calidad de vida. ¿Por qué los políticos ganan tanto dinero si la inmensa mayoría de sus representados apenas si tienen para comer? Son únicamente los representantes del pueblo, pero ellos se erigen como los dueños del dinero público y sus beneficiarios directos.

Los políticos son cada vez más indiferentes ante el dolor de los pobres, de esos seres humanos que son los nadie, si acaso los apenitas tal y como los describiera Eduardo Galeano.

Pobres siempre con hambre, hambre de comida, de salud, de justicia, de garantías individuales, de democracia, de bienestar y de un auténtico humanitarismo.

La vida del mexicano pobre se congela en el tiempo y en los escenarios de marginación, que exhibe sin expiaciones ante el mundo, el rotundo fracaso de la política mexicana.

Hasta el martes próximo estimado lector.

Copyright: Diario 21

e-Paper

VER ACERVO