Opinión


Por: Antonio León

Palabrerío


Fecha Publicacion:  martes, 18 de enero de 2022 - 02:42:00 -- Fecha Actualizacion martes, 18 de enero de 2022 - 03:02:22

A Eulogio le dicen que es un comerciante ambulante, aunque en realidad es de carácter semifijo, porque no anda por todas las calles vendiendo su mercancía, lo hace en el mismo lugar todos los días, aunque tiene que armar y desarmar su puesto cada vez que pretende vender. Se puso a trabajar de esa manera porque no encontró ni un trabajo formal en la ciudad, a sus cuarenta años de edad se le complicó más su situación laboral, así que vendió todo lo que pudo de su casa, compró una mesa plegable una estructura metálica, una lona para que sirviera de protección contra la inclemencia de los rayos del sol y algo de mercancía. Trató de instalarse en el primer cuadro de la ciudad, llegó muy temprano con sus cosas, pero se lo impidieron algunas personas, la dijeron que primero tenía que hablar con su líder a ver si le daba permiso de ponerse allí.  

Eulogio creyó que quien le iba a condicionar su estancia comercial en ese lugar sería alguna autoridad municipal, pero no fue así, tuvo que hablar con el líder de una agrupación, y bien, por una módica cooperación semanal y la condición de asistir a cuanta reunión o mitin que le convocaran, le dieron permiso de colocarse en donde él quería. Poco a poco se fue dando cuenta de que por ese dinero que pagaba obtenía cierta protección política a través de su líder, pues veía que a otros los quitaban los inspectores de la oficina de reglamentos, y a él ni siquiera le pedían ningún documento, como su licencia comercial que nunca ha tenido necesidad de tramitar, también observó que los políticos además de una parte del dinero que les toca puesto que otra tajada es para el líder de la agrupación, es el apoyo popular que esos comerciantes semifijos aportan en las precampañas y campañas electorales.

Vivía una situación de complicidad para poder ejercer su actividad comercial en plena vía pública, porque ellos violaban la ley orgánica del municipio libre solapados por los políticos que tenían como protectores. Un día le preguntó a su líder: “¿qué pasará el día en que estos políticos ya no quieran protegernos?” A lo que su líder contestó: “no te preocupes, eso nunca pasará, los políticos no quieren tener conflictos con nosotros, porque eso sería tanto como quitarle votos a su partido, así que llegue el que llegue da igual porque los tenemos agarrados de los tanates”.

En un principio Eulogio se sentía mal al ver cómo la gente tenía que bajarse de la banqueta para caminar porque ellos estaban estorbando el paso, le incomodaba de cierta manera causarle molestias a las personas que tenían el derecho de caminar libremente por las banquetas para que los comerciantes semifijos estuvieran a sus anchas, también cuando el flujo vehicular se hacía lentísimo porque ellos ocupaban uno de los carriles de la calle. Pero al paso de los meses se fue sintiendo con más derechos sobre la vía pública que los demás ciudadanos, sentía como de su propiedad las calles y las banquetas del centro de la ciudad. Ahora es capaz hasta de golpear a quien le reclame por ocupar un espacio que es de todos porque es público, o bloquear calles y tomar edificios de gobierno si así se lo manda su líder, con tal de seguir gozando de privilegios ilegales, sin tener conciencia de que está violando los derechos de quienes aportan la mayor parte de los impuestos que recibe el gobierno, y que sirven para que todos tengan servicios de agua, drenaje, luz pública, calles pavimentadas, educación y salud entre otros más. No tiene conciencia y quizás nunca la tenga, de que está perjudicando a los que sostienen la economía del municipio, del estado y del país.

Hasta el martes próximo estimado lector.

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