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Por: José Rodríguez Salgado

AGM, El Hijo de Tomás Gómez

Presencias y evocaciones


Fecha Publicacion:  viernes, 17 de septiembre de 2021 - 01:55:00 -- Fecha Actualizacion viernes, 17 de septiembre de 2021 - 02:09:31

A la fam. Gómez Maganda Bermeo, respetuosamente.

Era una fría noche de diciembre de 1951, cuando vi de cerca por primera vez al licenciado Alejandro Gómez Maganda, entonces gobernador del estado de Guerrero. Realizaba una gira de trabajo por algunos lugares de la Región Norte. Llegó a Teloloapan retrasado por complicaciones de agenda. Los alumnos de 5° y 6° grados de las primarias y los de la secundaria, fuimos conducidos por nuestros profesores a la recepción que resultó cálida y entusiasta. Marchamos con su comitiva hasta la plaza pública “Eutimio Pinzón” en donde las autoridades dieron cordial bienvenida e hicieron peticiones y varios planteamientos. Al día siguiente mi maestro de 6° año Vicente Carbajal García, director de la escuela “Redención Proletaria”, aprovechó la clase de “Civismo”, para exponer la organización y significado de los tres órdenes de gobierno.

Pasaron los días y los comentarios de la visita del gobernador capturaban la atención de los pobladores, especialmente tengo presente las opiniones del señor Alberto Salgado Cuevas (en cuyo domicilio se ofreció una cena en homenaje al ilustre visitante) y el profesor Silvestre Gómez Hernández inspector de la séptima zona escolar federal, con quienes mi familia guardaba cordial y respetuoso trato. Me enteré que el profesor Gómez tenía relación de parentesco cercano con Gómez Maganda. Al poco tiempo en respuesta a mi interés por conocer mayores datos me dio a leer un esbozo biográfico titulado “El Hijo de Tomás Gómez”, escrito por el culto periodista Jorge Joseph Piedra.

Por la lectura de ese libro me enteré de los méritos y de su calidad de orador nato, actividad que me sedujo por muchos años. Con el tiempo esos datos se enriquecieron con apuntes, opiniones, análisis, comentarios, pasajes biográficos, semblanzas, además de discursos y fundamentalmente poemas agrupados bajo el nombre de “Sol en las Bardas”, edición preparada años después por el escritor campechano avecindado en Guerrero Benito Alberto Ucán, con prólogo de Patricia Gómez Maganda, hija del “indómito costeño”, como lo calificara en varios ensayos el intelectual Juan Pablo Leyva y Córdoba en que hace profesión de fe, conocimiento y amistad con el gobernador AGM.

He contado en varias ocasiones cómo en mi formación profesional fueron determinantes las personalidades con quienes me crucé en el camino: Silvestre Gómez Hernández, José Reyes Pimentel, Arqueles Vela, Juan Nogueda Soto, Ricardo Salgado Corral, Andrés Henestrosa, Griselda Álvarez, Salvador Gonzalo García Pastrana, Carmen de la Fuente, Elías Naime Némer y decenas de nombres más. Por todos guardo admiración y gratitud, lo que aprendí, enseñé, divulgué, escribí y opiné, hay mucho de esa fuente nutricia. Sin duda que el principal eje de mi formación cultural se debe al maestro Gómez Hernández, quien puso a mi disposición los clásicos de la literatura universal y propició mi ingreso a la enseñanza expidiéndome el nombramiento de profesor rural en la comunidad de La Estacada, municipio de Tixtla, Gro. Esa experiencia fue definitiva en mi posterior desempeño pedagógico en el país.

Las primeras expresiones sobre Alejandro Gómez Maganda brotaron de su boca y me cautivaron por siempre. Admiré su origen, preparación, desvelos, conocimientos, vivencias políticas, prácticas oratorias, posiciones históricas, filosóficas y conducta cívica incuestionable. Por eso este 14 de septiembre en que se cumplió un año más de su deceso (1984) lo recuerdo con respeto y sincera admiración.

Escribió 29 libros, reportajes, artículos, discursos, ensayos, novelas, memorias y poesía. Tuvo una larga carrera de revolucionario, político, diplomático, conferencista y orador. En ese constante empeño por “realizarse a sí mismo”, tomó consciencia del esfuerzo para prepararse y servir a los demás; practicar valores como la lealtad, amistad, solidaridad, cumplimiento del deber, levantarse siempre enhiesto ante las dificultades, vencer a la enfermedad y buscar la luz entre nubarrones y turbulencias. Nunca negó que las mejores enseñanzas las recibió de los Presidentes Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán. Su mayor tesoro fue Guerrero al que sirvió apasionadamente; sus grandes amores: su esposa, hijas, su adorada madre doña Plutarca y la figura del recio campesino Gral. Maderista Tomás Gómez, de quien heredó el carácter y reciedumbre. Nació el 3 de marzo de 1910 en Arenal de Gómez. Su palabra de orador consumado resuena aún en el recinto parlamentario y sus aportaciones diplomáticas persisten en los consulados de Portugal y Barcelona y en las embajadas de Panamá y Jamaica. RIP.

Septiembre16 de 2021.


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