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Por: José Rodríguez Salgado

Maestra Beatriz Hernández García

Presencias y Evocaciones


Fecha Publicacion:  jueves, 22 de julio de 2021 - 01:58:00 -- Fecha Actualizacion jueves, 22 de julio de 2021 - 02:22:36

A Joaquín Mier Peralta, en recuerdo de su liderazgo social y estudiantil.

En el devenir de los pueblos la educación desarrolla un destacado papel. Del nivel educativo de sus habitantes se deduce el grado de su desarrollo. El factor clave y esencial tarea de educar corresponde al maestro. Es el pilar que constituye el principal soporte de solidaridad y confianza en la política educativa nacional. No basta formar científicos, intelectuales y trabajadores para hacerlos más competitivos y redituables en términos económicos, sino fundamentalmente mejores mexicanos, con aprecio a la vida humana, la patria y la soberanía nacional. El ejercicio del magisterio dignifica y exalta, al realizar su obra señala derroteros, de aquí su responsabilidad psicosocial.

Dentro de este marco se inscribe la figura de la ciudadana tixtleca Beatriz Hernández García, forjada en el yunque del esfuerzo y orientada a educar a los niños y jóvenes mexicanos. Toda su vida constituye un ejemplo de solidaridad social y limpio espíritu de trabajo en equipo, en las aulas, en la cátedra y en la actuación colectiva, con entrega apasionada y responsable. De enorme carisma y dueña de un perfil profesional sobresaliente, supo estar a la altura de las circunstancias que imponía el proceso revolucionario en plena ebullición. Fue una Maestra con mayúscula que entendió las aspiraciones de su pueblo y enfrentó los retos con sentido generoso, profundamente humano, lo que le ganó el honroso título de “La Maestra”.

Desde joven entendió la sentencia del pedagogo George Kershensteiner “Quien aspire a ser maestro debe ser antes aprendiz y oficial”. Al optar por prepararse en la Escuela Normal de Profesoras estaba convencida que el maestro no se improvisa, nace, se adiestra y se proyecta enseñando y educando a la vez a los alumnos que pasan por su propia vida y que sólo se debe ascender en razón de los méritos propios. Ella los alcanzó de sobra. La presente evocación obedece a que este 22 de julio se cumplen 37 años de su sentido deceso en la Ciudad de México después de una fatigosa pero enaltecedora jornada de luchas pedagógicas y cívicas. Espero que sus restos depositados en el Panteón de los Tixtlecos Ilustres, se vean colmados de flores y recuerdos. La ocasión lo merece. Baste recordar algunos datos significativos registrados en su obra: “La Maestra” autobiografía de una tixtleca excepcional (Cuadernos Tixtlecos #4, Ayuntamiento Constitucional 2012-2015).

Nació el 25 de marzo de 1898 y murió el 22 de julio de 1984. Sus padres fueron el señor Nieves Hernández Blanco y la señora Vicenta García González. Realizó sus primeros estudios en la ahora Escuela “Vicente Guerrero”, en donde obtuvo el primer lugar en aprovechamiento en todo el ciclo primario. Cursó su carrera magisterial de 1910-1915, en pleno estallido de la Revolución, doctrina que abrazó en la teoría y acción durante toda su existencia. Entre 1928 y 1930 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional se graduó como maestra en Lengua y Literatura. Enseñó en los diferentes grados de varias escuelas de la capital y del país. Junto con el profesor Adolfo Cienfuegos y Camus, fundó la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa en Tixtla.

Fue catedrática de literatura en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio IFCM. Desde su fundación en 1945 sirve a la institución en Xalapa, Ver. En Zacatecas organiza el Centro Oral Complementario, colabora también en el centro correspondiente de Colima. Vale citar las palabras del poeta y maestro Isaac Palacios Martínez, respecto a esta noble institución: “El IFCM, fue la Escuela Normal más grande del mundo, por el número de maestros-alumnos y de sus catedráticos. Hizo estudiar en todo el país a los mentores que no habían tenido la coyuntura de hacerlo antes de ser reclutados para la enseñanza benemérita, la del campo mexicano principalmente” (El Universal, 16/05/1995).

La maestra fue diputada local de 1972 a 1975. Sobresalió por sus iniciativas y eficaces gestiones en favor de su distrito. Fue la única diputada que protestó por la desaparición de poderes en el Estado de Guerrero el 31 de enero de 1975, mediante un desplegado publicado en Excelsior en febrero de ese año. En Tixtla, en 1957, su nombre fue impuesto a la Escuela Normal de Señoritas que ella gestionó. Es autora de varios libros y ensayos, también pionera de los desayunos escolares en 1942. Donó su casa para el establecimiento de la Escuela Pre vocacional en 1949. Encabezó la lucha patriótica en defensa de la Biblioteca Municipal de su ciudad natal. Recomendaba a los nuevos maestros: “Pongan amor y fe en todas sus obras para que fructifiquen; la nueva pedagogía obliga a rebasar los límites del edificio para ligar a la escuela con la sociedad”. Descanse en paz.

Julio 22 del 2021

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