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Por: Rafael Domínguez Rueda

Lecciones de Historia.

Revista de la Semana


Fecha Publicacion:  miércoles, 24 de noviembre de 2021 - 04:15:00 -- Fecha Actualizacion miércoles, 24 de noviembre de 2021 - 04:22:27

Hace 200 años en México se vivían los primeros días de vida independiente.

Agustín de Iturbide, quien en noviembre de 1820 había recibido la orden del jefe político Juan Ruíz de Apodaca de dirigirse a las montañas del sur para acabar con Vicente Guerrero, se dio cuenta que no lo podría vencer por las armas, entonces decidió unir sus fuerzas con éste.

Fruto de esa unión fue el Plan de Iguala, que no fue elaborado ni por los conspiradores de la Profesa ni por Iturbide, sino con el consenso de Vicente Guerrero, mismo que al proclamarse el 2 de marzo de 1821, establecía un país democrático e “independiente de toda potencia”.

Apodaca –quien perdió el título de virrey con el restablecimiento de la Constitución de Cádiz- envió al militar Pascual Liñán a combatir a Iturbide, orden que no se cumplió.

Mientras tanto el Ejército Trigarante salió de Iguala rumbo al Bajío. En su recorrido, los pueblos se iban adhiriendo a dicho Manifiesto. El general Filisolo en Zitácuaro, Codallos en Maravatío, en Acámbaro se le unieron Anastacio Bustamante y Luis Cortázar y en Valladolid Quintanar. Pedro Celestino Negrete proclamó el Plan en Tlaquepaque el 13 de junio e hizo lo mismo Valentín Gómez Farías en Aguascalientes.

Entre las pocas batallas que ocurrieron en aquellos meses entre realistas y el Ejército Trigarante estuvieron la de Arroyo Hondo, cerca de San Juan del Río y Hacienda de la Huerta en los alrededores de Toluca. En ambas escaramuzas los primeros fueron derrotados con facilidad.

En la ciudad de México Apodaca enfrentó una sublevación. Sus mandos militares, encabezados por el general Francisco Novella, le exigieron entregar el poder. El viejo marino, apodado Conde del Venadito, cedió y volvió a España. De forma provisional Novella ocupó la Jefatura política.

El sustituto de Apodaca desembarcó en Veracruz el 3 de agosto de 1821. Se trataba de un militar liberal, unido a los hombres que obligaron a Fernando VII a jurar la Constitución de Cádiz, en marzo de 1820, de nombre Juan José Rafael Teodomiro de O’Donoju y O`Ryan.

O`Donoju, capitán de Andalucía y héroe de la invasión napoleónica, había sido apresado por los franceses y encarcelado en Bayona, de donde escapó y volvió a España. La llegada de O`Donoju a la Nueva España sucede de forma inesperada, pues venía con la intención de gobernar y prueba de ello es que ese mismo día -3 de agosto- , en Veracruz prestó juramento ceremonial y recibió los honores del cargo; sin embargo, no ejerció dicha función.

Al enterarse de la sublevación de Iturbide, O`Donoju lanzó una proclama al pueblo de la Nueva España, en el que manifestaba sus principios liberales. Al mismo tiempo dirigió una carta a Iturbide invitándolo a una conferencia.

La entrevista entre O`Donoju e Iturbide se llevó a cabo el 24 de agosto, de la cual resultaron los Tratados de Córdova, los que no sólo modificaron el Plan de Iguala, sino violaron los acuerdos pactados con los insurgentes, al modificarse a conveniencia el artículo 4º. del Plan de Iguala y proponer una Junta de Notables, en vez de convocar a un Congreso nacional. Así se convirtió la revolución de democrática en aristocrática.

“Iturbide estaba hecho a todas las deslealtades, había defraudado a los conspiradores de Valladolid en 1809. Fue suspendido en 1816 por abusos de autoridad. Engañó a los conspiradores de la Profesa. Había defraudado la confianza de Apodaca. Ahora traicionaba a Guerrero, pues valiéndose de las modificaciones al Plan de Iguala se entronizó en el poder”. Iturbide y Guerrero, hombres de visiones muy diferentes, ya habían puesto de lado sus propios puntos de vista para proclamar la independencia; sin embargo, el tiempo demostró la falsedad de uno y la nobleza del otro.

Así lo resaltó en Iguala el Lic. Héctor Astudillo Flores, al precisar: “Aquí (en Iguala) se proclamó el Plan de Iguala que terminó con 300 años de dominio español, mediante la reconciliación de fuerzas adversas representadas por Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide. El primero entendía la política como el arte del servicio y del desprendimiento, contrario a Iturbide que miraba a la política como el arte de los intereses”.

200 años después, pareciera que no se ha aprendido la lección, porque así como llegó Iturbide al poder, a base de promesas, engaño y traiciones, así han llegado hasta nuestros días todos sus sucesores.

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